Las cosas tapadas no se curan bien

La heridas de nuestras vidas no deben ocultarse para poder alcanzar la sanidad.



Las cosas tapadas no se curan bien, lo que se mete debajo del tapete sigue siendo mugre.
Cuando llegamos a la iglesia, Dios como un papa, lo que hace es quitar el apósito que tapa, que quisimos poner para no pensar, nos mira la herida y nos vuelve a decir lo que decía mamá “las cosas tapadas no resultan bien no terminan por curar.”

Exige un proceso como cuando respiramos. Inhalamos oxígeno y exhalamos dióxido de carbono. Si nos quedáramos con el aire dentro se nos contamina el cuerpo porque el aire entra puro pero sale de manera impura sale como dióxido, entonces es imposible respirar el aire nuevo si no soltamos el viejo. En términos espirituales es exactamente igual. Es imposible comenzar lo nuevo
si no soltamos las cosas del pasado.

¿Cuándo es que no dejamos que el Señor como un gran cirujano las intervenga y quite y limpie y ponga asepsia allí?

Pienso que la primera etapa que eso sucede es la niñez.
Dice el Salmo “cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en manos del valiente. “

A Jesús si le importa meterse en tu tormenta y decir “calla enmudece!”

Quiero hablar de las flechas rotas, aquellas flechas que se rompieron y las taparon con una curita.


Dios no se tarda, puede hacer las cosas en una noche, en una hora, lo que pasa es que nosotros nos resistimos a dejar la herida abierta.

Aquí un servidor que cuando llegó a la iglesia le dijeron “para que Dios te sane tienes que empezar a servir, no pensar en el pasado” me pareció una linda terapia y fuimos una generación que si teníamos problemas en el matrimonio lo ignorábamos cuestión de servir al Señor. Si teníamos problemas con nuestros padres lo ignorábamos porque había que servir al Señor.

Pero nunca el servicio al Señor funciona como narcótico para adormecer lo que tienes que resolver.

Tarde o temprano la herida se va a cobrar una víctima.

Cuando los discípulos veían que se estaban hundiendo en altamar apelan a la compasión de Jesús.”No te importa que muramos” no retan su poder, retan su compasión. Sin compasión no hay milagros y cuando nosotros no tenemos compasión no podemos ver a la gente rota.

A Jesús si le importa meterse en tu tormenta y decir “calla enmudece” porque se compadece él no quiere que mueras.

Podemos levantar la iglesia más poderosa en cuanto a luces, pantallas pero si la gente rota no siente una voz de compasión solo va a encontrar religión.
La religión siempre mata la relación para con Dios y Dios no quiere religión quiere relación y sanarte.


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