Siete Características de un Hombre de Valor

La pastora Yesenia comparte algunas características que todo hombre de Dios como cabeza de su hogar debiera tener.



Hay cosas o situaciones que funcionan como un verdadero reactivo a nuestra esencia. Una de ellas es el dinero, pues este revelará quienes somos en realidad. También nuestro carácter es revelado cuando se nos da una posición y tenemos la oportunidad de hacer lo que nosotros queremos. La fama también muestra de que estamos hechos en realidad.
Entonces el dinero, la posición y la fama no nos hacen necesariamente personas de valor.
Veamos esas características:

Protector
El hombre fue diseñado por el Señor para ser un protector. Es el que vela por su familia. El protector no expone a su familia. El comparar lo que uno tiene con lo que no tiene no es de un hombre protector.

Proveedor
El hombre por naturaleza es proveedor. Pero no solo proveedor en la economía del hogar sino también debe de proveer de sabiduría. Lo más valioso que podemos dejarle a nuestros hijos no son las cosas materiales, sino el carácter que le modela. El carácter marca y deja un legado a la siguiente generación.

Promotor
Es el que promociona a los suyos. Mateo 3:17 dice:”Este es mi hijo amado con quien estoy muy contento.” Debemos honrar y reconocer a nuestros hijos en público. El promover a los nuestros es de un hombre de valor.

Entonces el dinero, la posición y la fama no nos hacen necesariamente personas de valor.

Sacerdote
Debemos tomar nuestra posición y estar conectados con el Señor. Es nuestra responsabilidad llevar delante del Señor a los nuestros.

Profeta
Hablarles a nuestros hijos de lo que nosotros vemos acerca de su futuro es de un hombre de valor. Hablar palabras que los direccionen hacia el destino que Dios tiene para ellos.

Reconocer cuando uno se equivoca
Es una idea errónea el pensar que como padres no podemos pedir perdón a nuestros hijos cuando fallamos. Nuestra actitud, sea buena o sea mala, modela a nuestros hijos. Hay grandeza en pedir perdón, pues todos no equivocamos. Aún con esta actitud estamos enseñando a nuestros hijos a que también ellos reconozcan sus propias fallas y pidan perdón.

Repara lo que está dañado
Si hemos fallado el pedir perdón es importante, pero también debemos ganarnos la confianza de la persona nuevamente. Por supuesto que esto lleva un proceso y tiempo de sanar lo que se dañó.


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