Victoria por la Oración | Salmo 17:13


Levántate, oh Jehová, prevén su encuentro, póstrale: libra mi alma del malo con tu espada.



Meditemos esta oración punto por punto, y aun cuando, originalmente, se refería a un enemigo personal, veremos cuán oportuna nos es en la actualidad.

Levántate, oh Jehová.

A veces puede parecernos como si Dios fuera uno de nosotros, sentado e inmóvil. Nos prueba la paciencia. Pero si en esos momentos se aproxima el enemigo con furor, aumenta en el creyente el fervor. Por otra parte, en esta expresión vemos la confianza del suplicante en Jehová. Como si dijera: Con tal que tú, Jehová, intervengas, nada importa que el león, que desea hacer presa, nos asalte (v. 12); el conflicto pronto estará terminado en mi favor.

Prevén su encuentro.

Pero mejor aún el que impidas el ataque (porque aquí se trataba de inútil derramamiento de sangre), que confundas sus planes, que tuerzas sus designios, que le prendas en su astucia, que no llegue el ataque siquiera. Así conviene que velemos en oración hoy, para que seamos protegidos de los ataques del enemigo espiritual. Dios es poderoso para prevenir y frustrar todos sus intentos y cálculos.

Póstrale.

El Salmista deseaba ver al enemigo morder el polvo antes de blandir espada, antes de arrojar saetas. Dios es poderoso para hacer esto. Muchas veces lo ha hecho, aun en las batallas terrenas, haciendo huir al enemigo tomado de espanto. Si resistimos al diablo, huirá de nos- otros; pero el Señor sabrá hacerle huir antes de que entre con nosotros en batalla o nos esconderá de su encuentro. Y vendrá la gran ocasión, cuando “el Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de nuestros pies.” (Rom. 16: 20).

Libra mi alma del malo con tu espada.
Libra mi alma, mi vida, mi persona. “Con tu espada”: por los medios numerosos que están a la disposición de Dios. Si no se prevé el encuentro del enemigo, sino que ha de haber batalla, persecución, tentación satánica, tribulación, padecimiento, crucifixión, como en el caso de Jesús; zarandeo, como en el caso de Pedro; espina en la carne, como en el caso de Pablo; calamidad, como en el caso de Job: si esto es necesario, ¿qué? “Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?... En todas estas cosas hacemos más que vencer.” (Rom. 8: 31-39), aunque en realidad es por la espada de Jehová, que es librada del enemigo nuestra alma.
A Él sea la gloria.