La Oración de Jabes | 1 Crónicas 4: 9,10


Hermosa por sus expresiones, profunda y valiosa por su propia causa, revela además cómo era el hombre que la hizo, dejando entrever claramente su carácter.



Quién era Jabes.
Muy pocos leen los primeros nueve capítulos del primer libro de las Crónicas, lo cual es una gran falta, porque aunque sólo parecen de interés para los que estudian genealogía, hay, sin embargo, un fragmento de una hermosa biografía digna de ser conocida: la de Jabes. No se menciona su tribu ni su familia, su casa ni su ocupación, ni tampoco su edad; lo único que se dice es que su madre (sin mencionar su nombre) le llamó Jabes (Triste), a causa de su dolor, que fue más ilustre que sus hermanos y que hizo una oración y que Dios le oyó. Y podemos decir que no es conocido más que como un varón de oración, lo cual sería lo mejor que pudiera caracterizarnos o escribirse de nosotros.

Su oración es notable.
Hermosa por sus expresiones, profunda y valiosa por su propia causa, revela además cómo era el hombre que la hizo, dejando entrever claramente su carácter. La respuesta concedida indica el curso de su vida.

Peticiones que contiene.

a) Oh, sí me dieses bendición. Bendición plena, tanto del alma como de las circunstancias que la rodeasen.
b) Ensancharas mi término. Hacerme prosperar para ser útil y provechoso en gran manera. El egoísmo está ausente en esta petición.
c) Si tu mano fuere conmigo. Seguramente para guiarle por el camino de la voluntad divina y para sostenerle.
d) Y me librares del mal». De calamidades o pérdidas materiales, pero también de mal moral o iniquidad.
e) Para que no me dañe o me aflija, según el original.
Es como un juego patético de su propio nombre como si dijere: Líbrame del mal para que no esté triste según significa mi nombre.

La concesión de su oración.
Dios a quien invocó, como el Dios de Israel, el Dios del pacto, oyó, aprobó y concedió lo solicitado. Recibió bendición, fue prosperado, guiado, protegido y su tristeza se cambió en gozo.