Dios nos Debilita para Fortalecernos

Miguel Nuñez

La magnificencia de la sabiduría de Dios se revela en su capacidad para transformar una misma experiencia, debilitando nuestras fortalezas mientras fortalece nuestras debilidades.



Dios inicia este proceso debilitando nuestras fortalezas para fortalecer nuestras debilidades. Esas fortalezas en las que confiamos, que nos hacen sentir seguros y que creemos dominar, son desafiadas por la fidelidad de Dios, quien sabe que deben ser modificadas para nuestro bienestar.

¿Qué tipo de Dios podríamos imaginar que, a través de una sola experiencia, logra tales cambios en nosotros?

Cuando las circunstancias se tornan difíciles, tendemos a cuestionar a Dios, preguntándonos por qué, incluso si hemos estado obedeciendo y siguiendo el camino correcto.

Pero considera esto: incluso el más obediente, como mi propio Hijo, enfrentó sufrimiento extremo. ¿Qué relación hay entre la obediencia y el sufrimiento?

Dado nuestra naturaleza caída, es natural que confiemos más en este mundo que en el venidero.

La aflicción, bajo el control de Dios, tiene un propósito. Como lo describió Pablo en 2 Corintios 1:8-9, a veces nos enfrentamos a desafíos que van más allá de nuestras fuerzas. Esto nos lleva a reconocer nuestra dependencia de Dios, no de nosotros mismos.

Pablo entendió esto profundamente cuando dijo que experimentó la sentencia de muerte en sí mismo. Sufrimos para aprender a confiar en un Dios que tiene el poder de resucitar a los muertos.

Dado nuestra naturaleza caída, es natural que confiemos más en este mundo que en el venidero. Pero la aflicción nos muestra la verdadera gloria y nos hace anhelar la vida futura aún más. Dios no busca eliminar nuestro dolor o dificultades, sino llevarnos a cumplir su propósito para nosotros, manteniendo nuestra fidelidad hasta que ese propósito se cumpla.