Dios nos debilita para fortalecernos

La grandeza de la sabiduría de Dios que puede, a través de una misma experiencia, lograr debilitar nuestras fortalezas y fortalecer nuestras debilidades.





Dios comienza a debilitar tus fortalezas para fortalecer tus debilidades.
Tus fortalezas y las mías son las que nos hacen tropezar. Tus fortalezas son aquellas cosas en las que tú confías, son aquellas cosas en las que tú te sientes seguro, que tú dominas y Dios dice: “en mi fidelidad, no puedo dejar tus fortalezas de esa manera, yo tengo que protegerte de manera que voy a debilitar tus fortalezas.


Imagina qué clase de Dios tú tienes ¿Te imaginas la sabiduría de nuestro Dios que a través de una misma experiencia él causa ambas cosas?


Nosotros somos menos de confiar en Dios cuando las cosas no van bien. Nuestra tendencia natural es a preguntar ¿por qué Dios, si he estado caminando bien, si te he estado obedeciendo?

La única persona que ha obedecido mi ley de principio a fin, de nacimiento hasta la muerte es mi hijo y terminó clavado en una cruz ¿Qué tiene que ver el grado de obediencia con el grado de sufrimiento?

La meta en el reino de los cielos para los hijos de Dios no es acortar el dolor, sino que yo persista en fidelidad creyéndole a él hasta que mi propósito haya terminado.


La aflicción tiene un propósito en las manos de Dios
2 Corintios 1:8-9 “porque hermano no queremos que ignoréis acerca nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia, pues fuimos abrumados sobre manera más allá de nuestras fuerzas.”
Eso es típico de Dios,” yo quiero que entiendas que tengo que llevarte a un lugar donde tú sepas por experiencia que ya tú no dependes de ti mismo. Dependes de mí.”

Pablo dice:” tuvimos en nosotros mismos la sentencia de muerte.”
Pablo nos explica en detalle para qué Dios permitió que él fuera abrumado más allá de sus fuerzas, para que no confiemos en nosotros mismos sino en Dios que resucita a los muertos.”

Por nuestra naturaleza caída nosotros tendemos a confiar más en este mundo que en el mundo venidero. Para nosotros es más real, usualmente la vida de este lado que la vida de aquel lado.

Pero la aflicción hace la gloria mucho más real, la aflicción hace la próxima vida mucho más deseable. La meta en el reino de los cielos para los hijos de Dios no es acortar el dolor, no es aminorar la dificultad.

La meta que Dios persigue, el objetivo que tiene es que yo lleve a cabo el propósito para el cual él me creó y que yo persista en fidelidad creyéndole a él hasta que mi propósito haya terminado.


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