Lo confieso, Soy idolatra

La lucha es constante y eterna, también lo es la pregunta ¿Quién gobierna mi corazón?



El descubrimiento más escandaloso que he hecho es descubrir que es un idólatra

Durante mucho tiempo cuando pensaba en la idolatría me venía a la mente la imagen de un pueblo primitivo dando vueltas alrededor de un tótem y agarrando gallinas y degollándolas para darle el sacrificio a su ídolo.

Nosotros ya hemos superado eso, somos una sociedad mucho más moderna pensé, pero me he dado cuenta de que no lo hemos superado, lo hemos modernizado porque la idolatría sigue en el mismo lugar donde siempre estuvo que es el corazón.

La biblia dice que aquello que ocupa el trono de nuestro corazón es un ídolo. Pero mucho más que un ídolo es nuestro amante con el cual somos infiel a Dios. El dios extraño con el cual Dios debe convivir dentro de nuestro corazón sin sentirse exclusivo.

En la biblia hay más de mil referencias acerca de la idolatría. No es un asunto secundario en las escrituras, es el conflicto primario entre Dios y su pueblo. La idolatría no es un problema, la idolatría es el problema.

Dios quiere convertirse en el centro de tu vida porque sabe que tu mayor libertad deriva de tenerle a él sentado en el trono.

Martín Lutero haciendo un análisis de los diez mandamientos dijo: “es imposible quebrantar los últimos nueve mandamientos si no has quebrantado primero el primero.”

Es decir, todos los demás pecados que tanto énfasis hacemos en nuestras iglesias no podrían ser si no hay un ídolo sentado en el trono del corazón.

Un hijo, un esposo, un trabajo, un ministerio, un talento, algo bueno, algo dado por Dios


Le dice: “Dios, por favor bájate de aquí porque esto que me has dado se merece mi atención” y empezamos a dar vueltas alrededor de eso.

Una de las preguntas más duras que Dios me ha hecho es:” si te quitan el ministerio como predicador ¿todavía yo sería suficiente para ti?
A veces el ministerio es el mayor competidor de mi amor por Dios.
Digo: “Dios, tú eres el principal y lo hago por ti”, pero le ofrezco más atención al ministerio que al Dios del ministerio.


Tú sabes algo de los ídolos. Que tarde o temprano lo aprenderás si no lo has aprendido ya. Los ídolos siempre nos fallan, no pueden cumplir lo que prometen

Dios quiere convertirse en el centro de tu vida porque sabe que tu mayor libertad deriva de tenerle a él sentado en el trono.


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