Obedecer y Confiar | Romanos 15:3



Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.



La lección valiosa es que confíes en él. Si todo el poder es de él, apóyate en él. No nos apoyamos en Cristo lo suficiente. Él nunca se hundirá bajo tu peso. Cristo llevó todas las cargas que los hombres tendrían que cargar y sin duda alguna también lleva las tuyas.

Con cuánta frecuencia nos agotamos al caminar cuando debiéramos dejarnos llevar, quiero decir, cargamos nuestros problemas cuando pudiéramos llevarlos a Cristo. Nos agobiamos, gemimos y lloramos y nuestras dificultades no disminuyen, pero cuando las dejamos con aquel que cuida de nosotros y comenzamos a confiar, como un niño confía en su padre, ¡cuán alegres y fuertes en espíritu nos volvemos!

Debemos vivir de tal manera que si nos llamaran a morir en cualquier momento, no necesitemos hacer una oración, sino que estemos listos para el cielo.

El cielo es el lugar de descanso para nosotros, no este mundo de tentación y pecado. No obstante, prepárate para sufrir o servir. Vigila y espera en la puerta del Maestro para cumplir con su orden. Nunca dejes que tu espíritu esté averiado para el servicio cristiano, ni los días de la semana y mucho menos en el día del Señor. Debemos vivir de tal manera que si nos llamaran a morir en cualquier momento, no necesitemos hacer una oración, sino que estemos listos para el cielo, listos para una vida de servicio o para una muerte de gloria.

La verdadera manera de vivir un cristiano en este mundo es estar siempre como quisiera estar si Cristo viniera en ese momento y hay una manera para vivir ese estilo: sencillamente depender de la sangre y la justicia de Jesucristo y luego ir a servirle cada día, por amor a él, diciéndole: «Señor, muéstrame lo que
quieres que haga».