Las Verdades que nos Mantienen Firmes



Aunque el dolor puede desorientarnos emocionalmente, la Palabra de Dios nos asegura que cada prueba tiene un propósito redentor. Esto nos capacita para enfrentar las dificultades con gozo y paciencia.



Los pilotos que vuelan en una tormenta o en la oscuridad se desorientan rápidamente y sus sentidos los engañan. Los pilotos dicen que cuando vuelan sin visibilidad, pueden estar realizando un círculo mientras que sus sentidos les aseguran que van hacia adelante.

Cuando un piloto se desorienta de esta manera, su cuerpo le dice una cosa y los instrumentos le dicen algo completamente diferente. Para seguir volando a salvo, tiene que confiar en los instrumentos del avión. Dichos instrumentos le dirán lo que es real y absolutamente cierto. Cuando estamos en problemas, consideramos que lo cierto es lo que indica el panel de instrumentos, ya que da seguridad sin importar cómo nos sintamos.

Las personas que sufren suelen decirme: “Del cuello para arriba sé lo que es cierto, pero de alguna manera no tiene sentido en mi corazón”. Asumimos que, si sólo tiene sentido en nuestra cabeza, no sirve. Pero sí sirve. Parte del proceso de superar el dolor es aprender a aferrarnos a lo que tenemos “del cuello para arriba”.

Para seguir volando a salvo, tiene que confiar en los instrumentos del avión. Dichos instrumentos le dirán lo que es real y absolutamente cierto.

Cuando nuestros corazones están destrozados y sufren, pareciera que no hay conexión alguna entre el cerebro y las emociones. Eso está bien. Simplemente no deseche lo que ya sabe. Esta es la clave para salir adelante en medio de la dificultad. Eso es exactamente lo que significa la Palabra de Dios cuando dice: “Tened por sumo gozo... sabiendo que... (Santiago 1:2-3). ¿Qué podemos saber en medio de las pruebas? ¿Cuáles son los instrumentos confiables que nos conducen exitosamente en medio de la dificultad?

En Santiago 1:3-4, la verdad que nos estabiliza es saber que “la prueba de nuestra fe produce paciencia» y que debemos dejar que “tenga la paciencia su obra completa, para que seamos perfectos y cabales, sin que nos falte cosa alguna”. Lo que Santiago dice es que podemos saber que el dolor es un proceso con un propósito. Ese conocimiento específico nos capacitará para reaccionar con gozo ante dicho proceso.