Como atravesar una prueba de fe

Ninguna dificultad ha sido diseñada para aplastar nuestra fe, es el deseo de Dios que podamos crecer una vez que hayamos atravesado la prueba.



Cuando yo estaba en la escuela me hice experto en hacer exámenes. Experto en hacer exámenes no significa que aprendí mucho. Yo podía agarrar las notas de un amigo la noche anterior, memorizar la información y sacar una muy buena calificación.
Pero si me preguntas de qué me acuerdo, casi de nada porque una cosa es memorizar información y otra cosa es aprender una lección.

Pero la verdad es que nos hemos vuelto expertos en truquear los exámenes de la vida.
Quizá en el noviazgo, algunos hombres son buenos para truquear a la chava y hacerla creer que realmente se merece que se case con ella y son buenos para presentarse súper buenos y les bajan la luna y las estrellas y las tratan increíbles.

Pero no podemos truquear a Dios. No podemos saltarnos la escuela de aprendizaje de Dios porque con Dios no sólo es memorizar información. Con Dios es madurar, con Dios es aprender sabiduría. No hay madurez en la fe sin atravesar pruebas.


José no hizo nada para merecer eso, una dificultad inexplicable. Pero José siguió, no canceló su fe, no canceló su propósito no canceló su identidad siguió sirviendo con excelencia.


“Dios me ha hecho fructificar en la tierra de mi aflicción.” Dios me dio una doble porción en el lugar donde era difícil. Inexplicable. No sabía qué estaba pasando en la tierra de mi esclavitud, de mi confusión, en la tierra de mi dificultad, en la tierra de mi enfermedad, en la tierra de mi soledad, de mi abandono, en la tierra de mi escasez, allí mismo Dios me dio una doble porción.

A veces Dios no te saca de la dificultad más bien Dios te da una doble porción en la tierra de tu dificultad.
No hay ninguna prueba desperdiciada en Cristo Jesús. Dios va a darte doble fruto por tu aflicción.

Somos sus hijos no por lo que podemos hacer sino por lo que él dice de nosotros.

Tres cosas que hizo José para atravesar la prueba:

Piensa como administrador.
José en su peor momento sacó lo mejor de él. Administro la casa de Potifar como si fuera la casa de su padre. Lo hizo con excelencia sin sentirse dueño. Hay una bendición cuando empiezo a tratar las cosas como si fueran de Dios, no como mías.


Identifícate como hijo
Un hijo de Dios sabe que la prueba puede durar un día o un año o una década pero eso no cambia mi identidad porque mi identidad no está en mis circunstancias o en mi capacidad de cambiarlas, mi identidad está en lo que Dios dice de mí.

Jesús unos días atrás estaba siendo bautizado, el cielo se abrió bajó una paloma sobre Jesús y el Padre dijo: “este es mi hijo amado en quien tengo complacencia.” Antes de hacer un milagro, antes de caminar sobre el mar, antes de resucitar un muerto, antes de hacer cualquier otra cosa el Padre dijo: “este es mi hijo amado” porque quiere que aprendamos algo. Somos sus hijos no por lo que podemos hacer sino por lo que él dice de nosotros.

Crecer como un líder

En esta prueba voy a crecer como líder, voy a pensar: “Dios me está preparando para ser un mejor ejemplo para mis amigos, para mi ciudad para mis colaboradores. Estoy atravesando esto porque voy a poder representar a Cristo mejor.


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