Así Gano mis Batallas

El Pastor Andrés Spyker predica sobre la importancia de cuidar nuestro altar de adoración aún en momentos de dura adversidad.


Andrés Spyker predicando desde Mas Vida en Morelia


El profeta Jeremías lo pierde todo. Pierde su casa, es echado en una cisterna, sin comida por muchos días. Pierde su dignidad, pierde su trabajo de profeta, pierde familia y amigos.
Literalmente lo pierde todo. Entonces Jeremías expresa cosas extremas como “Dios, me estás haciendo masticar piedras”, “siento como si Dios fuera un oso que me quiere despedazar”.

Pero en medio de lo que el percibe de Dios hacia él, en medio de lo que él siente que Dios está haciendo en su vida, en medio de la confusión que vive, él dice: “me atrevo a tener esperanza, me atrevo a recuperar mi confianza, porque el Señor es bueno y grande es su fidelidad, sus misericordias son nuevas cada mañana”. Quizás lo que sintamos pueda decirnos que Dios está en nuestra contra pero la fe nos dice que Dios está obrando a nuestro favor.

Jeremías no está tratando de recuperar lo perdido, esta adorando en medio de su pérdida. A Dios no le molesta que tengamos temporadas de lamento, pues es humano sentir la pérdida, pero como cristianos debemos atrevernos a tener esperanza en medio de la pérdida.

No abandones tu lugar de adoración. Allí es donde ganas tus batallas.

Jeremías rehúsa permitir que circunstancias negativas cambien lo que él cree acerca de Dios. Debemos dejar que nuestra fe acerca de Dios cambie nuestra circunstancia. Jeremías rehúsa permitir que cualquier cosa se robe su adoración. Al final de cuentas es el objetivo del enemigo robarnos nuestra adoración.

No abandones tu lugar de adoración. Allí es donde ganamos nuestras batallas.
Como mantenemos nuestro lugar de adoración

• Decide adorar. Es una decisión diaria. Tomar tiempo para deleitarme en la perfección del Señor y meditar dentro de su templo. Mientras yo hago eso él me pondrá en una roca alta donde nadie me podrá tocar.

• Arrepiéntete rápido.
La culpa nos aleja de nuestro Dios. Debemos confesar sin demora nuestras faltas para que el enemigo no gane ventaja y nos robe nuestra adoración. Arrepentimiento no es solo llorar por lo que hiciste, sino regresar a la comunión con Cristo. El grado de perdón que Dios nos otorga no está sujeto al tiempo que tardamos en arrepentirnos.
Algunos piensan que si pasan más tiempo sintiéndose culpables Dios les tendrá más lástima y perdonará más. El perdón de Dios es instantáneo y completo en Cristo Jesús. Lo que define nuestro futuro no es nuestro error sino nuestro arrepentimiento.

• Enfócate en edificar. Mientras edificamos y estamos en movimiento para el Señor comienzan a surgir los sueños, el trabajo y los planes de Dios.


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