Jesús tendría un Volkswagen

En esta oportunidad el Pastor Andrés nos habla acerca de la identidad y de lo importante de lograr aceptarnos tal como el Señor nos ha diseñado


El Pastor Corson predicando desde el Lugar de Su presencia en Bogotá, Colombia.


Solo una persona segura de sí misma podría lavarle los pies de sus amigos y eso fue lo que hizo Jesús. Él no era un inseguro ni un acomplejado. No envidiaba a otros ni se comparaba con otras personas. Así mismo tampoco se dejaba afectar por lo que otras personas dijeran o pensaran de él. La razón es porque Jesús tenía identidad.

Si Jesús viviera en este tiempo él tendría un Volkswagen. Jesús viene a romper con esa forma de pensar del mundo, que si una persona es importante tiene que andar en un vehículo lujoso. O que una persona es importante por lo que tiene. Pero lo que le da valor a un vehículo es la persona que lo está manejando. Lo que le da valor a una prenda no es la etiqueta que posee sino la persona que lo usa.

Identidad es saber quién soy y propósito es saber para qué esto aquí en la tierra.

Jesús sabía que el Padre le había dado autoridad sobre todas las cosas y que había venido de Dios.

Pero tener identidad es amar y aceptar lo que somos.

Así mismo encontramos en las Escrituras muchos hombres de Dios que conocían su identidad y propósito.

José sabía que el propósito de su vida era salvar la vida de muchos. Génesis 50:20

También vemos en David características como valentía, buen juicio, talentoso. 1 Samuel 16:18. Un hombre conforme al corazón de Dios, eso es identidad. Su propósito era gobernar a Israel y también hacer famoso el nombre de Dios.

¿Cuál es mi identidad y cuál es mi propósito?

Mi identidad es la forma en la cual yo he sido diseñado por Dios, es mi manera de ser, mi forma de pensar. Es la manera en que yo veo las cosas, es lo que a mí me caracteriza. También es mi apariencia física, son los dones que tengo, lo que yo puedo hacer. La manera en que yo hago las cosas también define mi identidad, pues esto me distingue, me hace único y especial.
Pero tener identidad es amar y aceptar lo que somos. Es aceptar nuestro cuerpo, nuestro color de piel, ojos, nariz, etc. El salmista dijo: “Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo. Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien”.

Una persona logra tener identidad cuando ha sanado los faltantes de su vida, sus malas experiencias o heridas. La identidad surge al aceptarme como Dios me hizo.
La lista continúa. Tener identidad también es no compararnos con otros porque sabemos que cada persona es única, irrepetible y especial. Pero nosotros sólo vamos a amar y aceptar a otras personas cuando nos amamos y aceptamos a nosotros mismos.

Tener identidad es ser ciento por ciento reales, es ser totalmente auténticos.
Jesús es el perfecto ejemplo de una persona auténtica. Nació en un hogar humilde, hijo de un carpintero, sin embargo era rey. Jesús no tenia temor de expresar lo que él sentía. Tampoco le preocupaba lo que la gente pensaría al verlo con los borrachos, las prostitutas, con los fariseos.

Dios nos ha diseñado a cada uno de nosotros con capacidades y dones especiales, nos ha hecho con características y personalidades únicas. Debemos aceptarnos y ser fieles a nuestro diseño, no vivir como copias de otras personas que no somos.


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